Mostrando entradas con la etiqueta VIRTUDES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VIRTUDES. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de octubre de 2011

BREVE REFERENCIA BIOGRÁFICA DE IVÁN ILLICH

Iván Illich nació el 4 de septiembre de 1926 en Viena, hijo de un padre católico croata y de una madre judía alemana. Estudió en las escuelas Pías de 1936 a 1941, fecha en la que fue expulsado en virtud de la aplicación de las leyes nazis antisemitas que le afectaban a causa de su ascendencia materna. Terminó sus estudios secundarios en Florencia.
Cursó Teología y Filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma. En 1950 obtuvo la licenciatura en Teología. Un año después se doctoró en Historia en la Universidad de Salzburgo con una tesis sobre Toynbee. Ese mismo año se ordenó de sacerdote.
Ejerció sus primeros deberes pastorales como Vicepárroco de la Iglesia de la Encarnación en Nueva York, que era una parroquia de feligresía Irlandesa y Portorriqueña. Se dedicó durante cinco años a los problemas de asistencia social de la minoría a su cargo, conociendo de cerca sus complejos y dramáticos problemas.
En 1955 la iglesia católica en reconocimiento a su talento y logros le concedió el título de Monseñor. En 1956 abandonó Nueva York para asumir el vicerrectorado de la Universidad Católica de Ponce en Puerto Rico, país que por su alta tasa de natalidad fue durante los años cincuenta y sesenta centro principal de investigación y de pruebas de píldoras anticonceptivas. El apoyo que Illich dio a esas actividades le acarreó un conflicto con el obispo de Puerto Rico, generándose una situación que determinó su regreso a los E.E.U.U., en 1960.
En Estados Unidos laboró en la Universidad Católica de Fordham. “Allí desarrolló la idea para formar un centro para el estudio de los problemas generales de la humanidad, en particular los existentes en Latinoamérica”109. Su propuesta tuvo éxito y en 1961 “pudo abrir un Centro de Información Intercultural en Cuernavaca, México. Su propósito original era preparar a sacerdotes y misioneros católicos para la labor de América Latina mediante programas en español y estudios latinoamericanos”110.
“El Centro poseía una rica biblioteca que publicaba un Boletín, CIDOC INFORMA, para distribución por Latinoamérica. Poco a poco la biblioteca con el boletín lograron tal influencia que el centro cambió su nombre e Illich se apartó más de la Iglesia”111. El nombre que le dieron a dicho Centro fue el de CIDOC (Centro de Documentación Intercultural). Las actividades de Illich aumentaron sus discrepancias con la iglesia católica por cuanto en el CIDOC se dirigían seminarios sobre alternativas institucionales en la sociedad tecnológica y se daban opiniones acerca de la desburocratización de la iglesia en el futuro; todo esto contribuyó a hacer del CIDOC un centro de controversia eclesiástica por lo que Illich secularizó el centro en 1968 y abandonó su carrera sacerdotal en 1969. Illich “no fue secularizado ni excomulgado como se tiene la impresión; siguió siendo sacerdote pero sin derecho a decir misa, predicar, confesar o administrar los sacramentos. Illich públicamente afirmó ser un creyente muy fiel y por entero ortodoxo a la Iglesia católica”112.
El CIDOC, desatendido de la iglesia e independiente económicamente continuó, bajo la dirección de Illich, preocupado por el estudio de los problemas humanos, particularmente los de latinoamérica y países en vías de desarrollo, la búsqueda de datos y la estimulación de la conciencia pública sobre problemas y sus posibles alternativas de solución. Desde esta institución Iván Illich desarrolló sus ideas radicales sobre el futuro de la educación escolar. Illich fue siempre un pensador muy reflexivo, controvertido y polémico, manteniendo esa actitud durante toda su vida.
En 1978 hizo una de sus últimas apariciones públicas para decir: “No he modificado los puntos de vista expuestos en desescolarizar la sociedad porque ahora me doy cuenta que estaba equivocado... yo no creo ya en la educación... ¡Al diablo con el futuro!”113.

Obras de Iván Illich
Algunas de éstas son:
  •  “La Escuela esa Vieja y Gorda Vaca Sagrada”. (1968)
  • “Hacia el Fin de la Era Escolar”, que reúne sus principales artículos en su lucha contra la escuela. (1969)
  • “La Sociedad Desescolarizada”. (1971)
  • “En América Latina ¿Para qué sirve la Escuela?”. (1973)
  • “Después de la Desescolarización, ¿Qué?”, Obra en la que Illich “cita específicamente la divergencia entre el mito de la igualdad sostenida por la retórica de las escuelas y el modo en que los certificados escolares perpetúan la sociedad de clases”114, y en la que también plantea los efectos que la desescolarización tendría en el cambio social que propone.
  • “Educación sin Escuela”. (1975)
  • “La Convivencialidad”. (1975)
109. BOWEN, James y HABSON, Peter. Ob. Cit., p. 395.
110. BOWEN, James y HABSON, Peter. Ibídem., p. 396.
111. BOWEN, James y HABSON, Peter. Ibídem.
112. BOWEN, James y HABSON, Peter. Ibídem.
113. CARDENAS, Enrique. “Diccionario de Pedagogía, Psicología y Metodología”. 1ª edición. 1998. A.F.A. Editores Importados S.A. Perú. p. 793.
114. FREIRE, Paulo - ILLICH, Iván. “Diálogo. Paulo Freire - Iván Illich”. 1975. Edit. Búsqueda -S.A.E.I.C. y CELADEC. Buenos Aires - Argentina. p.11.

martes, 20 de septiembre de 2011

WALTER PEÑALOZA RAMELLA: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

Para Peñaloza, el educando es el sujeto inmediato del esfuerzo del maestro y por ello el sistema educativo debe reposar en su conocimiento y desarrollo integral. En este proceso de desarrollo señala los siguientes aspectos del currículo que han de ser aprendidos por los educandos en creciente orden de creatividad, comenzando por los más mecánicos: hábitos motores (limpieza, orden, descanso, comidas, fórmulas de cortesía, etc.), asociaciones nemónicas, lectura globalizada (en sus diversas variantes, frases completas, palabras, mientras se halla en su primera fase), destrezas (adquisición que se hace mediante el condicionamiento de conductas), información para ser retenida (hechas voluntariamente y con el propósito de reproducir su contenido en el futuro), regularidades que hay que percibir (los educandos son llevados a reconocer determinadas estructuras que se repiten en el material a aprender), formación de conceptos (el sujeto construye un esquema genérico de propiedades comunes a los objetos o fenómenos de los que ha tenido información o experiencia y que se estima que son propiedades que los tipifican. La constitución de ese esquema genérico es la formación de un concepto), aprendizaje de relaciones (aprehender relaciones es el fundamento para entender los enlaces causales, para efectuar análisis y síntesis, para imaginar y crear en general), actitud inquisitiva (actitud espontánea por conocer, experimentar, etc), valoración ética, artística, religiosa, política, jurídica, económica, tecnológica, etc, (tomar conciencia de los valores y hacerlos realidad), convivencia en el grupo social (convivir, aprender a reconocer a cada uno de los demás un fin válido por sí mismo e impartir a todos nuestros actos un consiguiente sentido de respeto por cada ser humano), realización de lo ideado (ejercitación de la acción, consolidar su voluntad y capacidad de decisión), autonomía del ser (alcanzar en la vida una posición autónoma y no heterónoma), identidad cultural (lo nuestro). Todos estos aspectos llevan a que el educando sea una persona humana completa, equilibrada, espontánea, creativa, autónoma, que sepa aceptar lo nuestro y transformarlo.
Peñaloza sostiene que el educando debe participar activamente y en forma protagónica en el proceso educativo.

El Educador

Pocos maestros y teóricos de la educación han abordado con tanta vehemencia, amplitud y profundidad el tema de la concepción, función y formación del educador como el Dr. Walter Peñaloza; quizás ninguno como él ha dedicado tanto tiempo de su vida a tan importante labor. En este campo Peñaloza no fue sólo un teórico sino que fue el ideólogo y conductor de una de las experiencias más valiosas que tuvo el Perú: la formación de maestros en la Escuela Normal Superior “Enrique Guzmán y Valle” La Cantuta. Institución, convertida en universidad, que hasta ahora forma maestros, impregnada de una filosofía y praxis cuyos sustentos teóricos, doctrinarios y pedagógicos se encuentran en el pensamiento y obra de este insigne educador. Peñaloza concibió la formación de maestros en forma integral y sin hacer discriminaciones si eran de educación primaria, secundaria o técnica. Consideró que el maestro debería ser formado integralmente para que pueda actuar con compromiso, eficiencia y eficacia en una educación cuyo fin era formar integralmente al hombre como persona, como ser social y como agente promotor de su cultura.
Concibió al maestro como aquel profesional formado en sus dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual, que entendía que la educación además de ser considerada como ciencia y como técnica era también filosofía y arte y que por lo tanto su formación no podía descuidar ninguno de estos aspectos.
Sostenía que “nadie le podrá quitar a la educación su naturaleza auténtica de arte y al maestro su carácter de artista”196. “Lo que hace el maestro tiene como propósito causar un impacto profundo en el alma del niño, del joven o del adulto. Su finalidad es que el alumno se transforme. Por lo tanto, en el maestro hay tanto de actor como de creador. El maestro es, por consiguiente, mucho más que el artista reiterativo (...) Es más bien el artista creador, porque no solamente recrea lo que dice, sino que en cada nuevo acto de labor con los educandos está creando para ellos y en cierto modo, creándolos a ellos mismos”197.
Su experiencia de formación integral de los maestros partió de su convicción de que la educación debía tener como fin formar integralmente al educando para lograr que éste se desarrolle como persona, como ser social, como partícipe y promotor de su cultura; y para ello concibió como piedra angular “el currículo integral” concepción genuina que defendió a lo largo de toda su vida y que se llegó a plasmar en la experiencia de reforma educativa de los años setenta y mucho antes en su experiencia de formación de maestros de La Cantuta, lo cual relata con brillantez asombrosa en su obra “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. El currículo integral contribuyó a rescatar la figura del maestro educador y se contrapuso a la figura del maestro meramente enseñante. Los futuros maestros debían recibir y explorar conocimientos, incorporar receptiva y creadoramente el mundo de lo cultural, vivir experiencias no cognoscitivas, efectuar numerosas y consistentes prácticas profesionales que le posibiliten alcanzar destrezas en el ejercicio docente, y, alcanzar dentro de lo posible un armónico desarrollo de sus capacidades interiores, mediante el apoyo de la consejería; “quedaban preparados a través de una expe-riencia viva de varios años, para actuar más tarde ante los niños y jóvenes a su cargo en todas esas áreas, vale decir para impulsar, a su turno, un currículo integral en su trabajo con esos niños y adoles-centes”198.
En la parte pertinente de los “Medios de la Educación” retomaremos aspectos de esta concepción de “currículo integral” que abordó las áreas de conocimientos, las actividades no cognoscitivas, las prácticas profesionales y la consejería. Para Peñaloza el educador es aquél que “debe tener la habilidad y espíritu profundo para promover la autonomía y el sentido de libertad de los niños, jóvenes y adultos; para despertar y desarrollar en ellos sus capacidades de observación, reflexión y análisis; para llevarlos a la comprensión de los valores; estimularlos a la noción de solidaridad, y a la toma de conciencia y comprensión cultural circundante (arte, religión, tecnología, moral, etc), seguida de la toma de posición ante dicho mundo y, si es posible, de la acción creadora. Por eso, únicamente el que arme integralidad en su formación puede transportar esa integralidad a sus futuros alumnos. Quien no tiene la vivencia de la formación integral, no puede brindarla a nadie, en realidad no sabe siquiera lo que es, no tiene idea de su existencia”199.
El maestro es el gran mediador de este proceso educativo. En tal virtud su verdadero papel es el que los educandos alcancen el contacto con los valores, lo cual es imposible si el mismo profesor no posee amplia comprensión de dichos valores y de las creaciones culturales de los hombres. De allí que la dimensión axiológica (orientación a valores) y la comprensión del mundo cultural en la formación de los maestros resulten decisivas. Estos son los pilares insustituibles de su verdadera preparación como futuro educador, manifiesta Peñaloza.
 
La Comunidad

Walter Peñaloza atribuye a la comunidad un rol importante en la formación del educando. La familia y las instituciones sociales en general influyen significativamente en la educación de los niños y jóvenes. La educación inicial de 0 a 5 años que él propuso en la reforma educativa de la década de 1970, consideró un rol protagónico a los padres y madres de familia puesto que es en los primeros años de vida donde se sientan las bases del desarrollo bio - psico - social y espiritual de los educandos. La educación debía ser un proceso que compromete a toda la sociedad en su conjunto. Los padres y los maestros deben buscar que el niño, el adolescente y el joven logren el equilibrio interior de sus cuerpos y de sus espíritus, la autonomía y libertad necesarias; deben lograr impulsar en los hombres y mujeres las actitudes reflexivas y de análisis, el estudio crítico y objetivo, la toma de posición frente al mundo, el sentido de responsabilidad y despertar en ellos la percepción de los valores y la creatividad. El contacto con otros seres humanos, comenzando con los padres y con la propia familia, enriquece y estimula la vida psíquica y espiritual de cada individuo.
Esta relación educando - familia constituye un proceso de socialización que no es un acto meramente mecánico sino que implica un acto de amor y un estímulo permanente de los mayores que incentivan al educando a formarse, promoviendo el sentido de solidaridad con los otros seres humanos. De allí la importancia que tiene tanto en la educación espontánea como en la educación sistemática las acciones de la familia, del grupo humano inmediato y de la sociedad en general.
Del pensamiento de Peñaloza se desprende que la socialización no ocurre plenamente, y con sentido, al margen de la captación de las creaciones culturales y requiere del despliegue en el educando de su libertad, autonomía, creatividad y de su descubrimiento de los valores; por eso la culturación no es posible sino dentro del grupo social. La educación como fenómeno social que busca la socialización y culturación del educando es por tanto también un proceso de ingreso a la cultura, de vivencia de ella y de acción creativa dentro de ella.


196. PEÑALOZA, Walter. “Tecnología Educativa”. Conferencia sustentada por el Dr. Walter Peñaloza Ramella en la ESEP Maranga. Versión tomada de la grabación efectuada por J.P.C. el día 02-09-1976. p. 6.
197. PEÑALOZA, Walter. “Tecnología Educativa”. Conferencia. Ibídem., p.8.
198. PEÑALOZA, Walter. “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. Ob. Cit., p. 203.
199. PEÑALOZA, Walter. Ibídem., p. 402.

sábado, 10 de septiembre de 2011

EMILIO DURKHEIM: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

Emilio Durkheim consideró al educando como un ente que en principio es asocial y que la educación a través de un proceso de imposición y comunicación de un código cultural de normas, valores y conocimientos, lo integra a la sociedad.
Así cada sociedad se forja un cierto ideal de hombre. Es este “ideal” lo que constituye el polo de la educación. Para cada sociedad, la educación es el “medio con el cual ella prepara en el corazón de los niños, las condiciones esenciales de su propia existencia”. En consecuencia, el niño pertenece primeramente a sus padres y es a ellos a quienes toca dirigir su desarrollo intelectual y moral. En esta etapa se considera a la educación como privada y doméstica. Sostenía también que el niño, al entrar en la vida, no lleva más que su naturaleza de individuo y que la sociedad encuentra en cada uno de ellos una tabla casi rasa sobre la que tiene que construir, y por el camino más rápido. A este ser egoísta y asocial que acaba de nacer, ella añade otro, capacitado para llevar una vida moral y social.
 
El Educador

Para E. Durkheim, el educador está obligado a manejar la atención del niño y la manejará mejor si conoce su naturaleza con más exactitud.
En su manuscrito “Educación Moral en la Escuela Primaria” dice que al maestro le corresponde dar una educación moral, laica y racionalista. Enfoca la moralidad en sí misma, es decir, la civilización moral que la educación debe transmitir al niño, iniciándolo en los diversos deberes, suscitando en él virtudes particulares. Reduce a tres los elementos de la moralidad: espíritu de disciplina, de abnegación y de autonomía.
Decía que era importante la impresión que se desprenda de la persona del maestro; así como el sacerdote es el intérprete de Dios, el educador es el intérprete de las grandes ideas morales de su tiempo y de su país.
En cuanto a la autoridad, el educador debe comprender que no la recibe de fuera sino de sí mismo. Ésta sólo puede venirle de una fe interior. Hace falta que él crea no en sí mismo, no en las cualidades superiores de su inteligencia o de su corazón, sino en la misión y en la grandeza de su misión.
Esta autoridad formada enteramente por el respeto que el educador tiene a sus funciones, a su ministerio, posibilita que mediante la palabra, el gesto, las enseñanzas, pasen de su conciencia a la conciencia del educando.
Señalaba que la transmisión por el educador de un saber positivo y la asimilación del educando de una materia, son la condición de una verdadera formación intelectual y que la sociedad debía recordar incesantemente al maestro cuáles son las ideas, los sentimientos que hay que imprimir en el educando para ponerlo en armonía con el medio en que ha de vivir.