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lunes, 19 de diciembre de 2011

91 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL "AMAUTA" DE LA EDUCACIÓN PERUANA DOCTOR WALTER PEÑALOZA RAMELLA (1920 – 2005)

El 7 de diciembre, hace 91 años, nació en la ciudad de Lima, el insigne filósofo y maestro universitario doctor Walter Peñaloza Ramella, autor de importantes obras sobre la educación, el currículo, la tecnología educativa  y la formación de los maestros en el Perú.
Tal como lo expresara en varios escritos, el pensamiento y obra educativa de Walter Peñaloza  se concretó en dos etapas importantes de la educación peruana: la  formación de maestros en la Escuela Normal Superior, conocida como “La Cantuta”,  desde 1953 hasta 1960, experiencia iniciada en 1951 en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones y proyectada luego a la Universidad Nacional de Educación “Enrique Guzmán y Valle”; y en la más importante y genuina experiencia educativa que vivió el Perú en el siglo pasado con la Reforma Educativa de la década del 70.
En dos oportunidades escribí sobre el pensamiento y propuesta educativa del maestro Peñaloza: con ocasión del libro que editase el año 2003 titulado “Teoría de la Educación” y cuando se me encomendó escribir un artículo sobre su pensamiento educativo como parte de la obra “Grandes Educadores Peruanos” editado por el Ministerio de Educación, también en el año 2003. En ambas ocasiones, el maestro Peñaloza conoció lo escrito por mi persona sobre su pensamiento educativo antes de la edición y me expresó su conformidad con el contenido.
Personalmente le entregué en su Despacho del Ministerio de Educación la separata de lo que se publicaría  en mi libro Teoría de la Educación y le solicité sus observaciones.
Días después, recibí del doctor Peñaloza una carta que testimonia la conformidad de lo que escribiese sobre su vida y obra en el libro mencionado.
Por el valor que tiene lo expresado por el  doctor Peñaloza respecto a lo escrito sobre su pensamiento educativo, comparto con el magisterio peruano y latinoamericano el contenido integro de esta carta.

Lima, 8 de diciembre de 2011

domingo, 30 de octubre de 2011

IN MEMÓRIAM: WALTER PEÑALOZA RAMELLA “AMAUTA” DE LA EDUCACIÓN PERUANA Y PARADIGMA DE MAESTRO

Ingresé a “La Cantuta” en marzo de 1962. El Dr. Peñaloza había entregado el cargo el año 1960 luego de la expedición de la Ley Nº 13417 que arrebató la autonomía universitaria a nuestra Alma Máter. El pensamiento del Maestro Peñaloza estaba plenamente vigente en esos días en los profesores y estudiantes de la Escuela Normal Superior y nunca dejó de estarlo mientras duró mi formación como profesor en dicha institución. Los cuatro años vividos, coparticipando en un proceso formativo que concretó una filosofía en la formación de maestros, impregnaron en mi mente y espíritu el sello de lo que habría de ser mi ejercicio profesional. Desde ese entonces, al igual que para muchos egresados de “La Cantuta”, la imagen de lo que debe ser el maestro, es para mí, la imagen del Maestro Peñaloza.
El desarrollo de mi carrera se encargó de vincularme al Doctor Peñaloza durante dos periodos importantes en mi vida: la imborrable experiencia de la Reforma Educativa de los años 1970, en la que conduciendo la elaboración de los currículos de Educación Básica Regular y luego los de las Escuelas Superiores de Educación Profesional – ESEP – recibí sus pensamientos y orientaciones; y, mi vuelta al Ministerio de Educación como Director Nacional de la DINFOCAD el año 2002, época en la que conjuntamente con él iniciamos la experiencia del diseño de los nuevos currículos para la formación de los docentes del Perú.
Al volver al Ministerio de Educación, pude comprobar que a pesar de haber transcurrido más de 40 años desde que el Maestro Peñaloza dejara la conducción directa de la formación de maestros en La Cantuta y más de 23 años de su participación en la Reforma Educativa, su pensamiento educativo no sólo se había consolidado y puesto a la par de los tiempos sino que mantenía la misma brillantez, vigor y entusiasmo de las épocas antes mencionadas.    
Pocos maestros, investigadores y pensadores de la educación han abordado con tanta vehemencia, constancia, amplitud y profundidad el tema de la concepción, función y formación del educador como el Dr. Walter Peñaloza; quizás ninguno como él ha dedicado tanto tiempo de su vida a tan importante labor. En este campo Peñaloza no fue sólo un teórico sino que fue el ideólogo y conductor de una de las experiencias más valiosas que tuvo el Perú: la formación de maestros en la Escuela Normal Superior “Enrique Guzmán y Valle” La Cantuta.
Peñaloza concibió la formación de maestros  al más alto nivel, sin  discriminación si eran de Primaria, Secundaria o Técnica. Consideró que el maestro debería ser formado integralmente para que pudiese actuar con compromiso, eficiencia y eficacia en una educación cuyo fin era formar integralmente al hombre como persona, como ser social y como agente promotor de su cultura.
Concibió al maestro como aquel profesional formado en sus dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual, que entendía que la educación además de ser considerada como ciencia y como técnica era también filosofía y arte y que por lo tanto su formación no podía descuidar ninguno de estos aspectos.
Sostenía Peñaloza (1997) que “nadie le podrá quitar a la educación su naturaleza auténtica de arte y al maestro su carácter de artista”[1]. “Lo que hace el maestro tiene como propósito causar un impacto profundo en el alma del niño, del joven o del adulto. Su finalidad es que el alumno se transforme. Por lo tanto, en el maestro hay tanto de actor como de creador. El maestro es, por consiguiente, mucho más que el artista reiterativo (...). Es más bien el artista creador, porque no solamente recrea lo que dice, sino que en cada nuevo acto de labor con los educandos está creando para ellos y en cierto modo, creándolos a ellos mismos”[2].
La piedra angular de sus aportes a la educación lo constituye “el currículo integral”, como concepción genuina que defendió a lo largo de toda su vida y que se llegó a plasmar en la experiencia de la Reforma Educativa de los años setenta y, antes, en su experiencia de formación de maestros en La Cantuta.
El currículo integral contribuyó a rescatar la figura del maestro educador y la contrapuso a la figura del maestro enseñante. Los futuros maestros debían recibir y explorar conocimientos, incorporar receptiva y creadoramente el mundo de lo cultural, vivir experiencias no cognoscitivas, efectuar numerosas y consistentes prácticas profesionales que le posibilitaran alcanzar destrezas en el ejercicio docente, y, alcanzar dentro de lo posible un armónico desarrollo de sus capacidades interiores, mediante el apoyo de la consejería. Así, los maestros “quedaban preparados a través de una experiencia viva de varios años, para actuar más tarde ante los niños y jóvenes a su cargo en todas esas áreas, vale decir para impulsar, a su turno, un currículo integral en su trabajo con esos niños y adolescentes”[3].
Para Peñaloza, el educador es aquél que “debe tener la habilidad y espíritu profundo para promover la autonomía y el sentido de libertad de los niños, jóvenes y adultos; para despertar y desarrollar en ellos sus capacidades de observación, reflexión y análisis; para llevarlos a la comprensión de los valores; estimularlos a la noción de solidaridad, y a la toma de conciencia y comprensión cultural circundante (arte, religión, tecnología, moral), seguida de la toma de posición ante el mundo y para la acción creadora. Por eso, únicamente el que arme integralidad en su formación puede transportar esa integralidad a sus futuros alumnos. Quien no tiene la vivencia de la formación integral, no puede brindarla a nadie, en realidad no sabe siquiera lo que es, no tiene idea de su existencia”[4].
El maestro, para Peñaloza, es el vector de la sociedad y el gran mediador del proceso educativo. En tal virtud, su verdadero papel es el que los educandos alcancen el contacto con los valores, lo cual es imposible si el mismo profesor no posee amplia comprensión de los mismos y de las creaciones culturales de los hombres. De allí que la dimensión axiológica (orientación a valores) y la comprensión del mundo cultural en la formación de los maestros resulten decisivas. Estos son los pilares insustituibles de su verdadera preparación como futuro educador.
El doctor Peñaloza hizo de su vida un ejemplo de magisterio y  luchó denodada e incansablemente por concretar su pensamiento educativo hasta los últimos momentos de su existencia. El 6 de agosto del 2002 un ilustre “cantuteño”, a esa fecha Ministro de Educación, Gerardo Ayzanoa Del Carpio, le impuso a Nombre de la Nación la condecoración de las Palmas Magisteriales en el Grado de AMAUTA.
“Están deshaciendo todo lo que hicimos con el currículo de los Institutos Pedagógicos”, me dijo con ocasión de encontrarme con él pocos meses después de que yo dejase el Ministerio de Educación a mediados del 2003 y realmente me emocionó mucho su preocupación y desaliento…. Lo vi postrado en sus últimos días en la Clínica San Felipe. Lo despedí en silencio en la Casona de la Universidad Nacional Mayor de  San Marcos. 
El 31 de octubre del 2005, murió el hombre y nació para la inmortalidad de la educación peruana, el Amauta Walter Peñaloza Ramella. El Perú y en particular la Educación Peruana siguen en deuda con él. El 7 de diciembre tendría 91 años.  

¡Gloria eterna al Maestro Peñaloza!


BIBLIOGRAFÍA

1. PEÑALOZA, Walter. (1976) “Tecnología Educativa”. Conferencia sustentada por el Dr. Walter Peñaloza Ramella en la ESEP Maranga. Versión tomada de la grabación efectuada por J.P.C. el día 02-09-1976.
2.  PEÑALOZA, Walter. (1989) “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. 1ª edic. Auspiciada por CONCYTEC. Lima.


[1] PEÑALOZA, Walter. (1976)  “Tecnología Educativa”. Conferencia disertada por el Dr. Walter Peñaloza Ramella en la
     ESEP Maranga. p.6. Lima.
[2] PEÑALOZA, Walter. Ibídem., p.8.
[3] PEÑALOZA, Walter. (1989). “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. 1ª edic. Auspiciada por CONCYTEC. Lima.   
     p. 203.
[4] PEÑALOZA, Walter. Ibídem., p. 402.

BREVE REFERENCIA BIOGRÁFICA DE JOSÉ ANTONIO ENCINAS FRANCO

Nació en Puno, Perú, el 30 de mayo de 1886. Sus padres fueron don Mariano Encinas y doña Matilde Franco. Estudió su primaria en la escuela dirigida por don José María Miranda y su educación secundaria en el Colegio Nacional “San Carlos”, ambos de Puno. Fue formado como educador en la Escuela Normal de Lima, ejerciendo luego como Director del Centro Escolar de Varones N° 881 de Puno de 1907 a 1911. En Lima, ingresó a la Universidad Mayor de San Marcos, en la cual se graduó como doctor en Letras y en Jurisprudencia en 1918. En 1919 ingresa a la vida política y es elegido representante al Parlamento, siendo deportado por el régimen del presidente Leguía en 1923 a Guatemala. Durante su exilio fue Profesor de la Universidad de Guatemala y Consejero del Ministerio de Educación de ese país. Trasladado a Europa al obtener una beca, estudió en las Universidades de Londres, Cambridge (donde obtuvo el grado de Master en Ciencias), Bolonia, Padua y la Sorbona. En la Sorbona optó el doctorado en Ciencias de la Educación. Se traslada luego a España y fue Director del “Pedagogium” en Barcelona - España, en 1930.
Después de la caída del Gobierno de Leguía, José Antonio Encinas se reincorporó al Perú a comienzos de 1931 y fue elegido Rector de la Universidad Mayor de San Marcos, gestión que, terminó en 1932 al ser clausurada San Marcos por el presidente Luis M. Sánchez Cerro. En 1933 fundó con sus hermanas el Colegio Dalton de Lima.
Entre 1935 - 1937 José Antonio Encinas fue profesor visitante en Universidades de Panamá, Bolivia, Chile y México. En 1935 fue desterrado por segunda vez. En 1936 fue elegido Senador de la República in absentia, cargo que no asumió por anulación de las elecciones.
En 1938, por invitación del Carnegie Endowment for International Peace, visitó como conferenciante las Universidades de Nuevo México, Arizona, Texas y Denver de los Estados Unidos. En 1938 fue conferenciante especial del Instituto Hispano Cubano de la Habana, Cuba, país en el cual asumió la jefatura del departamento de psico-pedagogía del Liceo Aguayo en la Habana.
De 1939 a 1945, residió en La Habana laborando en la universidad de dicha ciudad y desempeñándose como consultor en asuntos educacionales. En 1945 regresó al Perú y es elegido Senador por el departamento de Puno. En 1947 patrocina la creación del instituto de Experimentación Educacional de Puno y asesora el Ensayo del Sistema de Organización Escolar por Niveles de Aprendizaje. Fue reelegido Senador de la República en 1950, cargo que ocupó hasta 1956. En 1957 es elegido Director del Instituto Indigenista Peruano y Presidente del Instituto de Lenguas Aborígenes. La Facultad de Letras y Pedagogía de la Universidad de San Marcos le otorga el título honorífico de Doctor Honoris Causa, con motivo de sus bodas de oro magisteriales. Falleció el 30 de Julio de 1958.
Entre sus principales obras destacan:
  • “Educación del Indio”. (1908)
  • “Problemas de la Educación Nacional”. (1909) 
  • “El Problema del Profesorado Nacional”. (1910)  
  • “La Educación: Su Función Social y el Problema de la Nacionalidad”. (1913) 
  • “Contribución a una Legislación Tutelar Indígena”. (1918) 
  • “Causas de la Nacionalidad Indígena en el Perú”. (1919) 
  • “A los Maestros graduados en la Escuela Normal de Lima”. (1930)
  • “Un Ensayo de Escuela Nueva en el Perú”. (1932)  
  • “Mi Familia, Mi Escuela, Mi Casa”. (1934)
  • “Historia de la Universidad de Bolonia y Padua”. (1935) 
  • “Higiene Mental”. (1936) 
  • “La Educación de Nuestros Hijos”. (1938) 
  • “Enciclopedia Escolar”. (1938) 
  • “La Reforma Universitaria”. (1978) Edición póstuma.

Contexto socio - político - educativo

La vida de don José Antonio Encinas es importante situarla en el contexto de su tiempo. Como un humanista de gran sensibilidad, no se mantuvo indiferente a las concepciones prevalentes en la época: marxismo, fascismo, nazismo y franquismo. Es por ello que a la hora de analizar su obra es importante ubicarla en el proceso de la historia universal, tanto en lo educativo como en lo social.
En lo educativo, recibe influencias de Europa, Estados Unidos, y probablemente también de Rusia. Con esta última comparte mayor simpatía, por su línea de pensamiento o concepción del mundo.
Según José Portugal Catacora, en política es preciso ubicar a Encinas en la izquierda. Encinas afirmaba que el maestro estaba llamado a tener una posición política, una visión irrenunciable del mundo. Precisaba al respecto que “El Maestro debe ser político por excelencia, pero no debe confundir su actividad política de izquierda en la que se ubica su profesión por trabajar con visión de porvenir con ser acólito de un partido...” 152. Encinas “se perturbaba cuando encontraba maestros sin visión de porvenir y con los ojos puestos hacia el pasado153. Decía que “El maestro debe ser un líder social visionario”. Sin embargo, es preciso añadir la distinción que hace de un político auténtico de aquél que ejerce tal función con ambiciones protervas: “El maestro debe ser político por natural derecho desde el punto de vista de su actitud. Lo que no es correcto es que se sienta acorralado dentro de un sector para seguir apasionadamente intereses de un partido en detrimento de su conciencia. La política no debe ser algo por lo cual el maestro hipoteque su conciencia de justicia social”154. Entre 1906 y 1956 surgieron las nuevas corrientes educativas de la Escuela Nueva y la Escuela del Trabajo en EE.UU y en otros países de Europa. En el Perú los maestros no tenían ingerencia en la planificación, elaboración de Planes y Programas ni en las leyes y reglamentos concernientes a este sector, lo cual los marginaba completamente del sistema educativo. Como consecuencia de ello se forma una escuela sin doctrina, sin propósitos definidos, sin libertad para desenvolver la totalidad de los valores que se habría de considerar en los educandos. Surge una escuela sectaria, esclava del prejuicio político o religioso, donde el maestro era una especie de peón asalariado que debía olvidar la incesante renovación del pensamiento humano. En esta época los estudiantes fueron agrupados por años de estudio obligándolos a aprender en un tiempo determinado la misma cantidad de conocimientos, bajo la misma disciplina mental y espiritual, con el olvido del valor de su personalidad, pasando a ser el estudiante un sujeto pasivo, obligado a aprender lo que estaba trazado por el maestro.

152. PORTUGAL C., José. “José Antonio Encinas, El Maestro de los Maestros Peruanos”. 1986. Edit. concytec. Lima - Perú. p. 48.
153. Ob. Cit., p. 43.
154. Ibídem., p. 43.

martes, 20 de septiembre de 2011

WALTER PEÑALOZA RAMELLA: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

Para Peñaloza, el educando es el sujeto inmediato del esfuerzo del maestro y por ello el sistema educativo debe reposar en su conocimiento y desarrollo integral. En este proceso de desarrollo señala los siguientes aspectos del currículo que han de ser aprendidos por los educandos en creciente orden de creatividad, comenzando por los más mecánicos: hábitos motores (limpieza, orden, descanso, comidas, fórmulas de cortesía, etc.), asociaciones nemónicas, lectura globalizada (en sus diversas variantes, frases completas, palabras, mientras se halla en su primera fase), destrezas (adquisición que se hace mediante el condicionamiento de conductas), información para ser retenida (hechas voluntariamente y con el propósito de reproducir su contenido en el futuro), regularidades que hay que percibir (los educandos son llevados a reconocer determinadas estructuras que se repiten en el material a aprender), formación de conceptos (el sujeto construye un esquema genérico de propiedades comunes a los objetos o fenómenos de los que ha tenido información o experiencia y que se estima que son propiedades que los tipifican. La constitución de ese esquema genérico es la formación de un concepto), aprendizaje de relaciones (aprehender relaciones es el fundamento para entender los enlaces causales, para efectuar análisis y síntesis, para imaginar y crear en general), actitud inquisitiva (actitud espontánea por conocer, experimentar, etc), valoración ética, artística, religiosa, política, jurídica, económica, tecnológica, etc, (tomar conciencia de los valores y hacerlos realidad), convivencia en el grupo social (convivir, aprender a reconocer a cada uno de los demás un fin válido por sí mismo e impartir a todos nuestros actos un consiguiente sentido de respeto por cada ser humano), realización de lo ideado (ejercitación de la acción, consolidar su voluntad y capacidad de decisión), autonomía del ser (alcanzar en la vida una posición autónoma y no heterónoma), identidad cultural (lo nuestro). Todos estos aspectos llevan a que el educando sea una persona humana completa, equilibrada, espontánea, creativa, autónoma, que sepa aceptar lo nuestro y transformarlo.
Peñaloza sostiene que el educando debe participar activamente y en forma protagónica en el proceso educativo.

El Educador

Pocos maestros y teóricos de la educación han abordado con tanta vehemencia, amplitud y profundidad el tema de la concepción, función y formación del educador como el Dr. Walter Peñaloza; quizás ninguno como él ha dedicado tanto tiempo de su vida a tan importante labor. En este campo Peñaloza no fue sólo un teórico sino que fue el ideólogo y conductor de una de las experiencias más valiosas que tuvo el Perú: la formación de maestros en la Escuela Normal Superior “Enrique Guzmán y Valle” La Cantuta. Institución, convertida en universidad, que hasta ahora forma maestros, impregnada de una filosofía y praxis cuyos sustentos teóricos, doctrinarios y pedagógicos se encuentran en el pensamiento y obra de este insigne educador. Peñaloza concibió la formación de maestros en forma integral y sin hacer discriminaciones si eran de educación primaria, secundaria o técnica. Consideró que el maestro debería ser formado integralmente para que pueda actuar con compromiso, eficiencia y eficacia en una educación cuyo fin era formar integralmente al hombre como persona, como ser social y como agente promotor de su cultura.
Concibió al maestro como aquel profesional formado en sus dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual, que entendía que la educación además de ser considerada como ciencia y como técnica era también filosofía y arte y que por lo tanto su formación no podía descuidar ninguno de estos aspectos.
Sostenía que “nadie le podrá quitar a la educación su naturaleza auténtica de arte y al maestro su carácter de artista”196. “Lo que hace el maestro tiene como propósito causar un impacto profundo en el alma del niño, del joven o del adulto. Su finalidad es que el alumno se transforme. Por lo tanto, en el maestro hay tanto de actor como de creador. El maestro es, por consiguiente, mucho más que el artista reiterativo (...) Es más bien el artista creador, porque no solamente recrea lo que dice, sino que en cada nuevo acto de labor con los educandos está creando para ellos y en cierto modo, creándolos a ellos mismos”197.
Su experiencia de formación integral de los maestros partió de su convicción de que la educación debía tener como fin formar integralmente al educando para lograr que éste se desarrolle como persona, como ser social, como partícipe y promotor de su cultura; y para ello concibió como piedra angular “el currículo integral” concepción genuina que defendió a lo largo de toda su vida y que se llegó a plasmar en la experiencia de reforma educativa de los años setenta y mucho antes en su experiencia de formación de maestros de La Cantuta, lo cual relata con brillantez asombrosa en su obra “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. El currículo integral contribuyó a rescatar la figura del maestro educador y se contrapuso a la figura del maestro meramente enseñante. Los futuros maestros debían recibir y explorar conocimientos, incorporar receptiva y creadoramente el mundo de lo cultural, vivir experiencias no cognoscitivas, efectuar numerosas y consistentes prácticas profesionales que le posibiliten alcanzar destrezas en el ejercicio docente, y, alcanzar dentro de lo posible un armónico desarrollo de sus capacidades interiores, mediante el apoyo de la consejería; “quedaban preparados a través de una expe-riencia viva de varios años, para actuar más tarde ante los niños y jóvenes a su cargo en todas esas áreas, vale decir para impulsar, a su turno, un currículo integral en su trabajo con esos niños y adoles-centes”198.
En la parte pertinente de los “Medios de la Educación” retomaremos aspectos de esta concepción de “currículo integral” que abordó las áreas de conocimientos, las actividades no cognoscitivas, las prácticas profesionales y la consejería. Para Peñaloza el educador es aquél que “debe tener la habilidad y espíritu profundo para promover la autonomía y el sentido de libertad de los niños, jóvenes y adultos; para despertar y desarrollar en ellos sus capacidades de observación, reflexión y análisis; para llevarlos a la comprensión de los valores; estimularlos a la noción de solidaridad, y a la toma de conciencia y comprensión cultural circundante (arte, religión, tecnología, moral, etc), seguida de la toma de posición ante dicho mundo y, si es posible, de la acción creadora. Por eso, únicamente el que arme integralidad en su formación puede transportar esa integralidad a sus futuros alumnos. Quien no tiene la vivencia de la formación integral, no puede brindarla a nadie, en realidad no sabe siquiera lo que es, no tiene idea de su existencia”199.
El maestro es el gran mediador de este proceso educativo. En tal virtud su verdadero papel es el que los educandos alcancen el contacto con los valores, lo cual es imposible si el mismo profesor no posee amplia comprensión de dichos valores y de las creaciones culturales de los hombres. De allí que la dimensión axiológica (orientación a valores) y la comprensión del mundo cultural en la formación de los maestros resulten decisivas. Estos son los pilares insustituibles de su verdadera preparación como futuro educador, manifiesta Peñaloza.
 
La Comunidad

Walter Peñaloza atribuye a la comunidad un rol importante en la formación del educando. La familia y las instituciones sociales en general influyen significativamente en la educación de los niños y jóvenes. La educación inicial de 0 a 5 años que él propuso en la reforma educativa de la década de 1970, consideró un rol protagónico a los padres y madres de familia puesto que es en los primeros años de vida donde se sientan las bases del desarrollo bio - psico - social y espiritual de los educandos. La educación debía ser un proceso que compromete a toda la sociedad en su conjunto. Los padres y los maestros deben buscar que el niño, el adolescente y el joven logren el equilibrio interior de sus cuerpos y de sus espíritus, la autonomía y libertad necesarias; deben lograr impulsar en los hombres y mujeres las actitudes reflexivas y de análisis, el estudio crítico y objetivo, la toma de posición frente al mundo, el sentido de responsabilidad y despertar en ellos la percepción de los valores y la creatividad. El contacto con otros seres humanos, comenzando con los padres y con la propia familia, enriquece y estimula la vida psíquica y espiritual de cada individuo.
Esta relación educando - familia constituye un proceso de socialización que no es un acto meramente mecánico sino que implica un acto de amor y un estímulo permanente de los mayores que incentivan al educando a formarse, promoviendo el sentido de solidaridad con los otros seres humanos. De allí la importancia que tiene tanto en la educación espontánea como en la educación sistemática las acciones de la familia, del grupo humano inmediato y de la sociedad en general.
Del pensamiento de Peñaloza se desprende que la socialización no ocurre plenamente, y con sentido, al margen de la captación de las creaciones culturales y requiere del despliegue en el educando de su libertad, autonomía, creatividad y de su descubrimiento de los valores; por eso la culturación no es posible sino dentro del grupo social. La educación como fenómeno social que busca la socialización y culturación del educando es por tanto también un proceso de ingreso a la cultura, de vivencia de ella y de acción creativa dentro de ella.


196. PEÑALOZA, Walter. “Tecnología Educativa”. Conferencia sustentada por el Dr. Walter Peñaloza Ramella en la ESEP Maranga. Versión tomada de la grabación efectuada por J.P.C. el día 02-09-1976. p. 6.
197. PEÑALOZA, Walter. “Tecnología Educativa”. Conferencia. Ibídem., p.8.
198. PEÑALOZA, Walter. “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. Ob. Cit., p. 203.
199. PEÑALOZA, Walter. Ibídem., p. 402.

sábado, 17 de septiembre de 2011

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

Mariátegui nos dice que mientras prevalezca la realidad feudal y colonial que lo ha reducido a la servidumbre, el peruano no podrá liberarse y que el estado ha conseguido anular en el individuo la libertad de querer, la espontaneidad, la iniciativa, la originalidad del movimiento y ha logrado reducir a los hombres a un docilísimo rebaño que no sabe actuar sino conforme al signo y según la voluntad de sus patrones. Consecuencia de ello conceptúa al educando como una juventud sensible y permeable a las ideas del presente, sin ninguna actitud crítica a la situación existente y sumidos en una obediencia pasiva.
Mariátegui sostiene que por la orientación política inadecuada de los gobiernos de turno, el educando es instruido de acuerdo a la clase a la que pertenece: educando de la clase burguesa y educando de la clase popular. El educando de la clase burguesa es el que generalmente tiene acceso a la educación existente, su educación da mucho culto a las humanidades, la retórica y desatiende la orientación práctica dirigida a estimular el trabajo. El educando de la clase popular aún mantiene el prejuicio de la inferioridad de su raza mestiza con raíces indígenas porque la educación le hizo creer en la superioridad de la raza blanca y de la clase burguesa.
Mariátegui denuncia la discriminación de la escuela burguesa en los siguientes términos: “La escuela burguesa distingue y separa a los niños y educandos en dos clases diferentes. El niño proletario, cualquiera que sea su capacidad, no tiene prácticamente derecho, en la escuela burguesa, sino a una instrucción elemental. El niño burgués, en cambio, también cualquiera sea su capacidad, tiene derecho a la instrucción secundaria y superior. La enseñanza en este régimen no sirve, pues en ningún modo, para la selección de los mejores. De un lado sofoca o ignora todas las inteligencias de la clase pobre, de otro lado, cultiva y diploma todas las mediocridades de las clases ricas”146.
La nueva generación tiene que formarse para transformar la realidad peruana, sostenía Mariátegui. Se desprende de ello que la educación debiera contribuir a formar un educando nuevo caracterizado por ser histórico, consciente, pensante y operante, crítico, creador y transformador de su realidad.

El Educador

Las desigualdades educacionales entre los educandos según su procedencia de clase, se expresa también en el caso de los maestros y profesores. El Amauta considera a los maestros en general, una categoría de “trabajadores” que en el orden demoliberal burgués ha contribuido a diferenciar la clase burguesa de las clases populares. Plantea que el maestro primario, por su origen social y por la especialidad de su trabajo, se siente más próximo al pueblo, mientras que el profesor del liceo y de universidad se siente más alejado de aquél, más próximo a la burguesía.
El maestro primario es más dedicado a su profesión, el del liceo es más enseñante y ha diversificado su ocupación con la práctica de otras profesiones o actividades como la literatura o la política. Para el docente universitario la cátedra constituye una mera estación de la vida cotidiana; la enseñanza es un complemento intelectual de su actividad práctica, política o mercantil.
El maestro primario procede del pueblo, específicamente de la pequeña burguesía. Tiene la abnegada función de dar a los niños pobres la instrucción elemental gratuita y obligatoria del Estado.
El Estado remunera mal su fatiga, el Estado condena a sus maestros a una perenne estrechez pecuniaria y no sólo eso, también les niega los medios para su mejoramiento, no sólo económico, también cultural, los maestros carecen de posibilidades de progreso científico y de acceso a los bienes y servicios culturales.
Mariátegui plantea la idea precursora de la organización sindical unitaria de los maestros, superando la división por niveles; idea que impulsó la organización de los maestros a partir de los años 30, cristalizándose ese anhelo en 1972, al constituirse el SUTEP en la ciudad del Cusco.
En una clara expresión de su concepto clasista y sindicalista considera que para que los educadores puedan organizar la enseñanza y las bases nuevas, es necesario que sepan antes ser un sindicato y “entender la solidaridad histórica de su corporación con las otras corporaciones que trabajan por reorganizar sobre bases nuevas, todo el orden social”147.
Considera que del espíritu de los maestros primarios pende los ideales de transformación social y la forja de un nuevo estado social.
Sostiene que el “educador, a través de la escuela y de su acción social en general, deberá participar de la determinación de un orden social futuro, hecho que es incuestionable y, por lo tanto, no debe realizar una acción ciega o conformista, sino una acción lo más responsable y lúcida posible”.
Valorando en su integridad el rol del maestro, dice: “De todas las victorias humanas les toca a los maestros en gran parte, el mérito. De todas las derrotas humanas, en cambio, en gran parte la responsabilidad”148.

146. MARIÁTEGUI, José Carlos. Ibídem., pp. 49 - 50.
147. MARIÁTEGUI, José Carlos. “Temas de Educación”. Ibídem., p.  61.
148. MARIÁTEGUI, José Carlos. Ibídem., p. 62.

viernes, 16 de septiembre de 2011

IVÁN ILLICH: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando y el Educador

El educando para Illich es todo aquel miembro de la comunidad a quien le corresponde ser educado por ser integrante de la misma y porque como ser humano le corresponde ser “realizado” en su naturaleza humana y espiritual, más allá de cualquier limitación de sexo, credo o condición económica. Deberá ser una persona dotada de un convencimiento del valor del aprender y dotado de valores morales elevados. El maestro o líder, según Illich, debe ser una persona dotada, dispuesta siempre a proveer una auténtica dirección intelectual, el pedagogo que ayuda al estudiante a encontrar el sendero rápido para alcanzar su meta; no será de ninguna manera el maestro o profesor formado para desenvolverse en una escuela, miembro de una “burocracia de personas que se dedican, como los sacerdotes de antaño, a la función de ideologizar al pueblo”117.
Maestro y discípulo deberán tener conciencia de que su relación es inapreciable y que de formas diferentes constituye para ambos un privilegio. Para el maestro es un lujo, una forma de recreación (un gozo espiritual) y para el discípulo una actividad significativa sin propósito ulterior.
La relación que llegará a establecerse entre maestro y discípulo no deberá limitarse sólo a la disciplina intelectual sino también a la artística, filosófica, religiosa, psicoanalítica y pedagógica; y, a todos los hombres y profesiones.
Illich postula un magisterio en el que todos deban ser maestros, según sus capacidades, habilidades y destrezas.
“Tenemos que descalificar a los maestros actuales y desarrollar en todos los peruanos el sentido de la obligación de compartir los privilegios que obtuvieron aprendiendo a leer y a escribir. Esto, naturalmente, se puede extender a todas las demás competencias, a todos los demás oficios. No hay ninguna razón para que en el Perú a una persona que sepa reparar automóviles, no se le imponga la obligación de formar cada año tres aprendices, como técnicos en reparación de coches, y para esto no hay que saber leer y escribir”118. Responsabiliza incluso a los maestros de profesión como los causantes directos de que no se viabilice la desescolarización. “Son solamente los maestros, cuyos ingresos en el mundo entero dependen de la mistificación del pueblo sobre la complejidad de tales competencias, quienes impiden tomar los pasos necesarios para ir en esta dirección”119.

117. RIVERO, José. “Conversación con Iván Illich”. En Revista Educación. Año 1, Nº 3. 1970. Ministerio de Educación. Lima - Perú. p. 46.
118. RIVERO, José. Ibídem.
119. RIVERO, José. Ibídem.

domingo, 11 de septiembre de 2011

ANTÓN MAKÁRENKO: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

La educación de los niños, para Makárenko, es la tarea más importante de nuestra vida. Ellos serán los forjadores de la historia. Son los futuros padres y madres y serán a su vez los educadores de sus hijos. Todos debieran empeñarse en que se transformen en excelentes ciudadanos, en buenos padres. Ellos encarnan también la esperanza de nuestra vejez. Una educación correcta deparará una vejez feliz.
Sostiene que la educación del niño debe ser correcta desde la iniciación, para que más tarde no sea necesario reeducar, lo que es más difícil. Se debe tener siempre presente que el niño no es solamente un motivo de alegría para los padres sino que es el futuro ciudadano, lo que comporta una responsabilidad ante el país. Afirmaba que es un error pensar que la educación exige mucho tiempo, es necesario saber guiar al niño y no ponerlo al margen de la vida real.
Lo principal de la labor educativa consiste en la organización de la vida familiar teniendo en cuenta todos los detalles54.
La educación infantil comienza en la edad en que ninguna demostración lógica ni alegato de derecho son posibles. El sentido mismo de la autoridad consiste justamente en que no exige demostraciones, en que se acepta como una dignidad indudable del mayor, cuyo valor y gravitación se imponen espontáneamente al espíritu.
Con respecto a la autoridad paterna en la educación del niño, Makárenko plantea:
  • La autoridad es indispensable en la familia.
  • Es necesario distinguir la autoridad verdadera de la falsa, basada en principios artificiosos y tendientes a crear la obediencia con cualquier medio.
  • La autoridad real se funda en la actividad cívica del padre, en su sentimiento cívico, en su conocimiento de la vida del niño, en la asistencia que le presta y en la responsabilidad por su educación.
Con respecto a la disciplina Makárenko decía: 
  • La disciplina y el régimen son dos cosas distintas. La primera es el resultado de la educación, la segunda es un medio para realizarla. Por eso el carácter del régimen varía en relación con las circunstancias y debe ser preciso, exacto, concordante con los objetivos que se persiguen. Abarca tanto la vida externa de la familia como la interna.
  • Makárenko siempre consideró a sus educandos como individuos integrantes de una colectividad y se dirigió hacia ellos observán-dolos profundamente, lo que a la postre le permitió comprenderlos y ayudarlos.
  • El educando, decía, debe estar integrado en la colectividad sintiéndose partícipe del insumo, subordinando el interés individual al interés de la comunidad. “Un camarada debe saber subordinarse a otro, pero no de manera simple, sino saber aceptar esta subordinación. Por su parte también el que manda debe saber ordenar a su camarada”.
La disciplina, la puntualidad y la responsabilidad deben cultivarse a través del ejercicio en el trabajo grupal.

El Educador

Es visto por Makárenko como un hombre pedagógicamente bien preparado que convive en la colectividad, que sabe lo que sus alumnos quieren en cada momento de su actuación, con sólidos conocimientos y hábitos especiales.
Sostenía que el trabajo del educador responde a un determinado fin político y se basa en las necesidades sociales, en los anhelos del pueblo soviético y en los fines y objetivos del Estado.
El educador debe saber organizar, bromear, ser alegre, enfadarse y asumir un buen comportamiento, porque es observado por los educandos y ellos aprenden todo cuanto observan.
El educador debe saber utilizar la pedagogía en la formación del hombre nuevo, estimulando las cualidades del organizador, haciendo que nazca en el educando la firmeza y el carácter templado.
Debe mantener en el educando una actitud consciente y responsable a través del estudio, trabajo y actividad social útil, llevándolo a la edificación socialista con una nueva ética.
Makárenko decía que sólo podían educar a los niños aquellos grupos de educadores unificados por un criterio común, por una misma convicción y por la ayuda mutua. Ningún educador tiene derecho a actuar aislado, por su cuenta y riesgo. Expresaba que para formar educadores serios y responsables había que unificarlos en una colectividad, en torno a una figura determinada de la colectividad pedagógica: El Director.
El Director como persona de mayor responsabilidad en la escuela y dirigente apoderado del Estado debe ser ante todo, el educador unipersonal y absolutamente idóneo de la escuela, los demás funcionarios de esta institución deben actuar bajo su dirección y de acuerdo a sus indicaciones directas.
La maestría del pedagogo no es un don nativo ni un hallazgo feliz y mundano del educador sino ante todo es una cualidad profesional que consiste en dominar la técnica pedagógica en el arte de tratar a los niños a través de una manera más concisa, persuasiva o imperiosa de inculcar una idea o sentimiento.

54. MAKÁRENKO, A.S. “Conferencias sobre Educación Infantil”. 1976. Edit. Ciencia de Hombre. Buenos Aires - Argentina.