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martes, 20 de septiembre de 2011

WALTER PEÑALOZA RAMELLA: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

Para Peñaloza, el educando es el sujeto inmediato del esfuerzo del maestro y por ello el sistema educativo debe reposar en su conocimiento y desarrollo integral. En este proceso de desarrollo señala los siguientes aspectos del currículo que han de ser aprendidos por los educandos en creciente orden de creatividad, comenzando por los más mecánicos: hábitos motores (limpieza, orden, descanso, comidas, fórmulas de cortesía, etc.), asociaciones nemónicas, lectura globalizada (en sus diversas variantes, frases completas, palabras, mientras se halla en su primera fase), destrezas (adquisición que se hace mediante el condicionamiento de conductas), información para ser retenida (hechas voluntariamente y con el propósito de reproducir su contenido en el futuro), regularidades que hay que percibir (los educandos son llevados a reconocer determinadas estructuras que se repiten en el material a aprender), formación de conceptos (el sujeto construye un esquema genérico de propiedades comunes a los objetos o fenómenos de los que ha tenido información o experiencia y que se estima que son propiedades que los tipifican. La constitución de ese esquema genérico es la formación de un concepto), aprendizaje de relaciones (aprehender relaciones es el fundamento para entender los enlaces causales, para efectuar análisis y síntesis, para imaginar y crear en general), actitud inquisitiva (actitud espontánea por conocer, experimentar, etc), valoración ética, artística, religiosa, política, jurídica, económica, tecnológica, etc, (tomar conciencia de los valores y hacerlos realidad), convivencia en el grupo social (convivir, aprender a reconocer a cada uno de los demás un fin válido por sí mismo e impartir a todos nuestros actos un consiguiente sentido de respeto por cada ser humano), realización de lo ideado (ejercitación de la acción, consolidar su voluntad y capacidad de decisión), autonomía del ser (alcanzar en la vida una posición autónoma y no heterónoma), identidad cultural (lo nuestro). Todos estos aspectos llevan a que el educando sea una persona humana completa, equilibrada, espontánea, creativa, autónoma, que sepa aceptar lo nuestro y transformarlo.
Peñaloza sostiene que el educando debe participar activamente y en forma protagónica en el proceso educativo.

El Educador

Pocos maestros y teóricos de la educación han abordado con tanta vehemencia, amplitud y profundidad el tema de la concepción, función y formación del educador como el Dr. Walter Peñaloza; quizás ninguno como él ha dedicado tanto tiempo de su vida a tan importante labor. En este campo Peñaloza no fue sólo un teórico sino que fue el ideólogo y conductor de una de las experiencias más valiosas que tuvo el Perú: la formación de maestros en la Escuela Normal Superior “Enrique Guzmán y Valle” La Cantuta. Institución, convertida en universidad, que hasta ahora forma maestros, impregnada de una filosofía y praxis cuyos sustentos teóricos, doctrinarios y pedagógicos se encuentran en el pensamiento y obra de este insigne educador. Peñaloza concibió la formación de maestros en forma integral y sin hacer discriminaciones si eran de educación primaria, secundaria o técnica. Consideró que el maestro debería ser formado integralmente para que pueda actuar con compromiso, eficiencia y eficacia en una educación cuyo fin era formar integralmente al hombre como persona, como ser social y como agente promotor de su cultura.
Concibió al maestro como aquel profesional formado en sus dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual, que entendía que la educación además de ser considerada como ciencia y como técnica era también filosofía y arte y que por lo tanto su formación no podía descuidar ninguno de estos aspectos.
Sostenía que “nadie le podrá quitar a la educación su naturaleza auténtica de arte y al maestro su carácter de artista”196. “Lo que hace el maestro tiene como propósito causar un impacto profundo en el alma del niño, del joven o del adulto. Su finalidad es que el alumno se transforme. Por lo tanto, en el maestro hay tanto de actor como de creador. El maestro es, por consiguiente, mucho más que el artista reiterativo (...) Es más bien el artista creador, porque no solamente recrea lo que dice, sino que en cada nuevo acto de labor con los educandos está creando para ellos y en cierto modo, creándolos a ellos mismos”197.
Su experiencia de formación integral de los maestros partió de su convicción de que la educación debía tener como fin formar integralmente al educando para lograr que éste se desarrolle como persona, como ser social, como partícipe y promotor de su cultura; y para ello concibió como piedra angular “el currículo integral” concepción genuina que defendió a lo largo de toda su vida y que se llegó a plasmar en la experiencia de reforma educativa de los años setenta y mucho antes en su experiencia de formación de maestros de La Cantuta, lo cual relata con brillantez asombrosa en su obra “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. El currículo integral contribuyó a rescatar la figura del maestro educador y se contrapuso a la figura del maestro meramente enseñante. Los futuros maestros debían recibir y explorar conocimientos, incorporar receptiva y creadoramente el mundo de lo cultural, vivir experiencias no cognoscitivas, efectuar numerosas y consistentes prácticas profesionales que le posibiliten alcanzar destrezas en el ejercicio docente, y, alcanzar dentro de lo posible un armónico desarrollo de sus capacidades interiores, mediante el apoyo de la consejería; “quedaban preparados a través de una expe-riencia viva de varios años, para actuar más tarde ante los niños y jóvenes a su cargo en todas esas áreas, vale decir para impulsar, a su turno, un currículo integral en su trabajo con esos niños y adoles-centes”198.
En la parte pertinente de los “Medios de la Educación” retomaremos aspectos de esta concepción de “currículo integral” que abordó las áreas de conocimientos, las actividades no cognoscitivas, las prácticas profesionales y la consejería. Para Peñaloza el educador es aquél que “debe tener la habilidad y espíritu profundo para promover la autonomía y el sentido de libertad de los niños, jóvenes y adultos; para despertar y desarrollar en ellos sus capacidades de observación, reflexión y análisis; para llevarlos a la comprensión de los valores; estimularlos a la noción de solidaridad, y a la toma de conciencia y comprensión cultural circundante (arte, religión, tecnología, moral, etc), seguida de la toma de posición ante dicho mundo y, si es posible, de la acción creadora. Por eso, únicamente el que arme integralidad en su formación puede transportar esa integralidad a sus futuros alumnos. Quien no tiene la vivencia de la formación integral, no puede brindarla a nadie, en realidad no sabe siquiera lo que es, no tiene idea de su existencia”199.
El maestro es el gran mediador de este proceso educativo. En tal virtud su verdadero papel es el que los educandos alcancen el contacto con los valores, lo cual es imposible si el mismo profesor no posee amplia comprensión de dichos valores y de las creaciones culturales de los hombres. De allí que la dimensión axiológica (orientación a valores) y la comprensión del mundo cultural en la formación de los maestros resulten decisivas. Estos son los pilares insustituibles de su verdadera preparación como futuro educador, manifiesta Peñaloza.
 
La Comunidad

Walter Peñaloza atribuye a la comunidad un rol importante en la formación del educando. La familia y las instituciones sociales en general influyen significativamente en la educación de los niños y jóvenes. La educación inicial de 0 a 5 años que él propuso en la reforma educativa de la década de 1970, consideró un rol protagónico a los padres y madres de familia puesto que es en los primeros años de vida donde se sientan las bases del desarrollo bio - psico - social y espiritual de los educandos. La educación debía ser un proceso que compromete a toda la sociedad en su conjunto. Los padres y los maestros deben buscar que el niño, el adolescente y el joven logren el equilibrio interior de sus cuerpos y de sus espíritus, la autonomía y libertad necesarias; deben lograr impulsar en los hombres y mujeres las actitudes reflexivas y de análisis, el estudio crítico y objetivo, la toma de posición frente al mundo, el sentido de responsabilidad y despertar en ellos la percepción de los valores y la creatividad. El contacto con otros seres humanos, comenzando con los padres y con la propia familia, enriquece y estimula la vida psíquica y espiritual de cada individuo.
Esta relación educando - familia constituye un proceso de socialización que no es un acto meramente mecánico sino que implica un acto de amor y un estímulo permanente de los mayores que incentivan al educando a formarse, promoviendo el sentido de solidaridad con los otros seres humanos. De allí la importancia que tiene tanto en la educación espontánea como en la educación sistemática las acciones de la familia, del grupo humano inmediato y de la sociedad en general.
Del pensamiento de Peñaloza se desprende que la socialización no ocurre plenamente, y con sentido, al margen de la captación de las creaciones culturales y requiere del despliegue en el educando de su libertad, autonomía, creatividad y de su descubrimiento de los valores; por eso la culturación no es posible sino dentro del grupo social. La educación como fenómeno social que busca la socialización y culturación del educando es por tanto también un proceso de ingreso a la cultura, de vivencia de ella y de acción creativa dentro de ella.


196. PEÑALOZA, Walter. “Tecnología Educativa”. Conferencia sustentada por el Dr. Walter Peñaloza Ramella en la ESEP Maranga. Versión tomada de la grabación efectuada por J.P.C. el día 02-09-1976. p. 6.
197. PEÑALOZA, Walter. “Tecnología Educativa”. Conferencia. Ibídem., p.8.
198. PEÑALOZA, Walter. “La Cantuta. Una Experiencia en Educación”. Ob. Cit., p. 203.
199. PEÑALOZA, Walter. Ibídem., p. 402.

domingo, 18 de septiembre de 2011

JOSÉ ANTONIO ENCINAS FRANCO: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

Encinas sostuvo que el niño era el eje y protagonista principal de la educación. Había que poner en juego su capacidad de observar, de raciocinar y de juzgar todo género de fenómenos para que deduzca la injusticia que envolvía el orden social. El educando, en posesión de un bagaje de conocimientos ya utilizados, con espíritu de solidaridad, ya experimentado, con una poderosa fuerza ideológica, y con una energía mental elaborada, estará preparado para intervenir en la atención de los principales problemas que aquejan a su región y al país.
“El niño trae consigo el proceso de la raza, la historia de una familia, la influencia de una sociedad”158, por eso el maestro tenía que comprender al niño, para cuyo efecto tiene que conocer su historia, “problemas como la herencia, la vida sexual, las relaciones entre la biología y la psicología, la vida emotiva y ética de los niños, que esperan una solución por lo menos aproximada”159.
Danilo Sánchez, dice: “Encinas como auténtico maestro, sentía por el niño verdadera ternura y genuina fascinación. Su relación con ellos era franca y mutuamente entusiasta. Los niños, como atraídos por un imán, se le acercaban inmediatamente, y ello resultaba sorprendente por la imagen austera que él solía proyectar hacia los adultos. Los niños veían en él a un protector, incluso a un “libertador”, término excelso con el que lo calificaron los niños de la Habana - Cuba, cuando dichos niños le dijeron “nuestro libertador”. Manifestaba Encinas que ‘El niño ha sido el más incomprendido de todos los tiempos.Cuando alguien escriba su historia podremos comprender el origen de los tremendos males sociales que aquejan a la humanidad’ ”.
Cuando se fundó el Instituto Experimental de Puno, propuso que dicho instituto iba a cambiar el proceso de enseñar por el proceso de aprender. Sostenía que lo urgente era que el niño aprenda mediante el esfuerzo propio, respaldado por la continua observación de la naturaleza y por el análisis de los hechos sociales y económicos en que se desenvuelve la sociedad.
Su adhesión al niño no era exclusiva ni limitada a él; porque fue igual su adhesión al joven y a todos los estudiantes. Para él decir niño o joven era lo más puro y sagrado; “en ellos sus rebeldías son santas, sus protestas justificadas, y dignas son sus impaciencias”.
Decía que “Buena parte del desastre moral y político en que vivimos se debe al menosprecio que se tiene por la juventud, al hecho de considerarla siempre como elemento subversivo”.
Afirmaba que el niño por su naturaleza es sujeto deliberante y que causaba sorpresa que en la escuela no se le permita ejercitar, con libertad, el derecho a agruparse, a asociarse por propia voluntad y el derecho a intervenir en las cuestiones que le incumben.
Sostenía Encinas que el niño poseía una personalidad propia, distinta de la del adulto y que, por lo tanto, era preciso conocerla como condición indispensable para orientarlo. La autonomía del estudiante, afirmaba, es el eje sobre el cual debe girar todo el propósito de cualquier reforma educativa.
El niño incomprendido es aquel de quien no se conoce su historia, por ello “sigue siendo considerado como un sujeto pasivo, quien debe acomodarse a las exigencias de un reglamento, a los gustos del padre, a la absurda homogeneidad en la escuela”160. Por eso “el niño vive (...) incomprendido, erróneamente juzgado, empíricamente clasificado, detenido quizá en sus más valiosos impulsos y tendencias...”161.
Sólo a través de un estudio integral del niño se puede conocer su “conducta”. El maestro para evaluar el aprovechamiento de los alumnos, debe llevar la historia clínica integral del alumno. La rebeldía de un niño no es mala conducta, mucho menos sus dificultades para aprender, afirmaba Encinas.
Al niño no se le puede exigir que resuelva un problema utilizando el mismo procedimiento del maestro, que no le acomoda. “Cada estu-diante tiene su propia manera de razonar, su propia gimnasia intelectual, cuyo proceso y dirección escapan a cualquier método de enseñanza”162.
El niño de la escuela está en plena evolución psíquica cuyas múltiples manifestaciones varían de un momento a otro y sin que sea posible someterlas a medida alguna. “El examen(...), debería exigir un conjunto de datos acerca de la vida del niño, y disponer de elementos y de auxiliares que coadyuven, no tanto para juzgarlo o calificarlo, cuanto para conocerlo mejor, para rectificar los errores cometidos con él, para auspiciar o restringir las normas educativas o los métodos de enseñanza impuestos. Tal debe ser la función del verdadero examen en la escuela primaria”163. Expresaba Encinas que el niño no debía agonizar sobre los libros y las copias veladas enteras para aprender de memoria aquello que debía haber sido motivo de esfuerzo metódico durante toda su educación en la escuela.

Educador
El maestro debe ser capacitado para que se encuentre apto para enseñar, sostenía Encinas. La formación del maestro es un problema que no había sido abordado. Al maestro debía capacitársele para estudiar permanentemente y para que esté actualizado y por consiguiente apto para enseñar. Sobre Encinas como Educador hace José Portugal Catacora las siguientes precisiones: “Las palabras maestro, educador, pedagogo, encierran similares conceptos, con sutiles diferencias (...) el maestro es la persona preparada para ejercer la enseñanza y posee un título; el educador es aquél que no ha sido preparado, pero que posee condiciones aun superiores al maestro para educar; y el pedagogo es aquél que además de enseñar y educar, domina las ciencias educativas (...) el maestro Encinas fue al mismo tiempo maestro, educador y pedagogo” 164.
Según Portugal Catacora, existe maestros prácticos y maestros técnicos; el maestro Encinas podía hacer ambas cosas sin esfuerzo alguno. Sobre su versatilidad agrega que en el Liceo Aguayo de Cuba, ejerció el cargo de jefe del Departamento de Psicopedagogía, elaboró textos tratando con niños menores de seis años; en la Escuela Experimental de Puno hizo demostraciones de diagnóstico de madurez en niños de educación primaria; en el Colegio Dalton trató con adolescentes y fue profesor en la universidad de Puerto Rico y rector de nuestra vieja universidad de San Marcos. Añade Portugal en su descripción del Maestro, que Encinas fue un hombre que educó hombres fuera del aula más que dentro de ella. No reconocía más jerarquía que la que da la capacidad intrínseca para ejercer la función docente. Para él, aquello de maestros primarios, secundarios o universitarios no tenía ninguna significación; mucho menos aquella clasificación de maestros de primera, segunda y tercera categoría. Su afán permanente fue que el magisterio tuviera un escalafón científico.
“El más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el de maestro de escuela”165, proclamó en la introducción de su principal libro: “Un Ensayo de la Escuela Nueva en el Perú”. Y luego acotó: “cuando la sociedad actual se sacuda del egoísmo y de los prejuicios que aniquilan sus más vitales funciones y cuando el maestro, de su parte, deje la rutina y se transforme en leader social, entonces el magisterio habrá sobrepasado en importancia a cualquier otra actividad humana”166.
Sostuvo que el maestro debía sembrar en la sociedad y trabajar por sus resultados durante todos sus días. Debía ser un mentor de concien-cias, un conductor de multitudes, un arquitecto de gran envergadura. Si no cumple esta misión el maestro es “simplemente un conductor de rebaños o un albañil de aldeas”167.

La Comunidad

La familia es un agente de suma importancia y por ende imprescindible para desarrollar la buena educación de los niños y jóvenes, lamentablemente esta participación no es bien entendida. Al respecto decía Encinas que: “la presencia de los padres de familia en la escuela comúnmente se limita al acto formal de la matrícula o en los casos de irregularidad de conducta de los niños, muchas veces para agravar la situación del niño, porque en esos casos fortuitos los padres se limitan a pedir castigo... y el castigo nunca resuelve ninguna situación irregular de conducta”168. Por ello reclamaba que “las relaciones del hogar y la escuela debían darse en forma sistemática de acuerdo a un plan trazado entre el maestro y padre de familia en la hora de la matrícula. Así, las relaciones de los padres de un niño con el profesor deben convertirse en un intercambio de informaciones que permiten hacer más eficaz la acción educativa”.
Encinas, enfatiza, que los maestros deben de conocer la naturaleza de los niños y es por ello que en su libro de higiene mental dice que los docentes del kindergarten deben estar altamente preparados. No se debe poner al azar el futuro educativo de los niños. El acto educativo debe ser un acto rigurosamente sistemático.
“El estado, el hogar, la escuela y la sociedad deben coadyuvar en el proceso educativo de los niños”169. Es que a modo de ver del maestro Encinas, la presencia dinámica y aún pasiva de la sociedad en la tarea de educar generaciones es bastante compleja. El Perú es un país multicultural y además de extrema pobreza. Por lo tanto, el maestro tiene la grave responsabilidad de ser un científico creativo, conocedor del contexto del niño al que educa.
Su crítica al Estado fue insistente en defensa de la educación del niño. Al respecto, decía que:
“Mientras el Estado no tome en sus manos la vida integral de los niños, ofreciéndoles pan y abrigo, no sólo habitación sino hogar, es decir espiritualidad; mientras no adquiera y ejecute el derecho de substraerlos de su ambiente nocivo: mientras no impere la distribución equitativa del capital; mientras la sociedad y la familia sucumban bajo el peso de los prejuicios de todo orden; mientras reine el egoísmo y la maldad entre los hombres, el niño será victima propicia y sacrificada”170.
Encinas sostenía que el Estado no sólo debe proveer al niño una educación formalmente pedagógica, sino que les debe proporcionar alimentación, vestido y vivienda. Asimismo debe equipar las escuelas con los últimos adelantos acordes a la psicología y la ciencia pedagógica.

158. ENCINAS, José Antonio. Ibídem., p. 176.
159. ENCINAS, José Antonio. Ibídem., p. 177.
160. ENCINAS, José Antonio. Ibídem., p.183.
161. ENCINAS, José Antonio. Ibídem.
162. ENCINAS, José Antonio. Ibídem., p.188.
163. ENCINAS, José Antonio. Ibídem., p.190.
164. PORTUGAL CATACORA, José. “José Antonio Encinas. El Maestro de los Maestros Peruanos”. Ibídem., p. 37.
165. ENCINAS, José Antonio. “Un ensayo de Escuela Nueva en el Perú”. Ibídem., p.1
166. ENCINAS, José Antonio. Ibídem.
167. ENCINAS, José Antonio. Ibídem., p. 59.
168. PORTUGAL CATACORA, José. Ob. Cit., p. 57
169. PORTUGAL CATACORA, José. Ibídem., p. 57.
170. PORTUGAL CATACORA, José. Ibídem., p. 58.

lunes, 12 de septiembre de 2011

CELESTINE FREINET: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

Freinet coincidía con la Escuela Nueva en que el punto de partida de la educación es el niño, el alumno y no el adulto, el maestro.
Ese niño que, a primera vista, parecía, por naturaleza, holgazán, tramposo, mentiroso, reacio a cualquier esfuerzo, está lleno de ansias de vida y de actividad. Aspiraciones que la enseñanza existente no aprovecha. Sus intereses apuntan a otras realidades que Freinet supo advertir sin demora: la vida cotidiana, el juego y el medio ambiente.
En Bar Sur Loup, Freinet consiguió que sus alumnos no sólo adquirieran el hábito de las nuevas técnicas, sino que se apasionen por los trabajos realizados en la escuela y en la aldea. Así se transformaron en encuestadores, indagando, según la índole de sus investigaciones pedagógicas, multiplicando sus visitas y desplegando una actividad de lo más entusiasta.

El Educador
En la pedagogía de Freinet, el maestro no es un “dictador de lecciones”, sino un orientador del aprendizaje de sus alumnos; es un colaborador de sus alumnos que trabaja con ellos en el desarrollo de las técnicas y las actividades que éstas implican. El maestro y los alumnos, por ejemplo, elaboran juntos las fichas o el texto del día. También, en colaboración, hacen uso de la imprenta en la escuela.
El maestro no es concebido como alguien externo a la comunidad de los alumnos, sino como integrante de ella. Es responsable de crear un clima de trabajo en la escuela y participa con sus alumnos en el uso de las técnicas de trabajo.
 
La Comunidad
Freinet sostenía que la escuela “es una obra de la que saldrá lo que todos juntos construyamos”. Por su forma de entender la educación ligada a la vida y por la orientación popular que él le imprimía, la comunidad estaba llamada a jugar un rol importante en el proceso educativo. Para Freinet la renovación de la escuela y de la sociedad van parejas, por eso sus técnicas tienden a vincular profundamente la escuela y el medio social donde se desenvuelve. Esta preocupación social se vio cristalizada en la cooperativa escolar, que fue algo más que un ingenioso recurso destinado a mejorar las condiciones materiales de la escuela. Se trataba, como con sus otras técnicas, de involucrar a la comunidad con la escuela y de hacer que la educación esté arraigada en el medio social donde está enclavada.
“… en el caso de Freinet existe tal acuerdo entre el movimiento cooperativo en la escuela, los escolares, y así mismos los maestros, que es imposible no ver en él la manifestación cierta de que la cooperación, pieza esencial de su movimiento, está integrada en él como lo está en el organismo cualquiera de los sistemas principales sin los cuales la corriente vital no podría fluir”69.

69. GILBERT, R. “Compendio de la Ciencia de la Educación”. 1ª edición en español. 1985. Ediciones Grijalbo - Colección Pedagógica. México. p. 121.

LAS INVARIANTES PEDAGÓGICAS DE CELESTINE FREINET

Sintetizan su pensamiento pedagógico y constituyen principios inmutables para la acción educativa.
  •  “El niño es de la misma naturaleza que el adulto; la diferencia es de grado no de naturaleza.
  • Ser mayor no significa necesariamente estar por encima de los demás.
  • El comportamiento escolar del niño depende de su estado fisiológico, orgánico y constitucional.
  • A nadie le gusta que le manden autoritariamente; en esto el niño no es distinto al adulto.
  • A nadie le gusta alinearse, ponerse en fila, porque hacerlo es obedecer pasivamente a un orden externo.
  • A nadie le gusta verse obligado a hacer determinado trabajo, incluso en el caso de que este trabajo en sí no sea particularmente desagradable. Lo que paraliza es la compulsión.
  • A cada uno le gusta escoger su trabajo, aunque la selección no sea la mejor.
  • A nadie le gusta trabajar sin objetivos, actuar como un robot, es decir, plegarse a pensamientos inscritos en rutinas en las que no participa.
  • El trabajo debe ser siempre motivado.
  • Todo individuo quiere triunfar. El fracaso es inhibidor, destructor del ánimo y el entusiasmo.
  • No es el juego lo natural en el niño, sino el trabajo.
  • La vía normal de la adquisición no es de ningún modo la explicación y la demostración, proceso esencial en la escuela, sino el tanteo experimental, vía natural y universal.
  • La memoria, por la que se interesa tanto la escuela, no es verdadera y preciosa sino cuando está integrada en el tanteo experimental, cuando está al servicio de la vida.
  • La inteligencia no es una facultad específica que funcione como un circuito cerrado, según enseña la Escolástica, independientemente de los demás elementos vitales del individuo. La escuela no cultiva sino una forma abstracta de inteligencia que actúa fuera de la realidad viva mediante palabras e ideas fijadas en la memoria.
  • Al niño no le gusta recibir lecciones ex cathedra.
  • El niño no se cansa haciendo un trabajo que esté en la línea de su vida, que es funcional para él.
  • A nadie, niño o adulto, le gusta el control ni la sanción, que siempre se consideran una ofensa a la dignidad, sobre todo si se ejercen en público.
  • Las notas y las calificaciones constituyen siempre un error.
  • El maestro debe hablar lo menos posible.
  • Al niño no le gusta el trabajo en rebaño. Le gusta el trabajo individual o el trabajo en equipo en el seno de una comunidad cooperativa.
  • La vida nueva de la escuela supone la cooperación escolar, es decir, la gestión de la vida y el trabajo escolar por usuarios, incluyendo al maestro.
  • La sobrecarga de las clases es siempre un error pedagógico. Los grandes conjuntos escolares conducen al anonimato de los maestros y alumnos.
  • La democracia del mañana se prepara con la democracia en la escuela. Un régimen autoritario en la escuela no puede formar ciudadanos demócratas.
  • Solamente puede educarse dentro de la dignidad. Respetar a los niños, debiendo éstos respetar a sus maestros, es una de las primeras condiciones de la renovación de la escuela.
  • La oposición de la reacción pedagógica, elemento de la reacción social y política, es también una variante con la que hay que contar.
  • Por fin, una variante que justifica todos los tanteos y autentifica la acción pedagógica: es la esperanza optimista en la vida”66.
 66. PALACIOS, Jesús. Ibídem., pp. 109 - 110.

domingo, 11 de septiembre de 2011

ALEXANDER SUTHERLAND NEILL: SUJETOS DE LA EDUCACIÓN

El Educando

El educando para Neill es una persona que tiene todo el derecho de elegir y de ser sujeto de un tipo de educación no impuesta y en la cual él sea el protagonista principal. Es un ser con deseos de realizarse plenamente en función de sus necesidades e intereses y a través del pleno ejercicio de su libertad. El educando debe ser autónomo. La autonomía significa el derecho del niño a vivir libre, sin ninguna autoridad que condicione su actuar, regido sólo por los dictados de su conciencia y responsabilidad. En Summerhill se daba a los niños libertad más no libertinaje, podían hacer lo que les pareciera en tanto que no molestaran a ningún otro57.
Neill sostiene que cuando se ejerce presión sobre el niño o se le maltrata, se lo está frustrando, cortando de esa manera todo intento de libertad. Darle libertad es permitirle vivir su propia existencia, ser él mismo, ser fruto de su propio esfuerzo.
El educando no debe estar sometido a la disciplina rígida ni a la coerción porque de ser así se le estaría introduciendo en un camino lleno de indecisiones, no permitiéndole integrarse adecuadamente a la sociedad. El niño, en la concepción de Neill, no es un inválido nato ni un autómata inconsciente, sino que tiene capacidad suficiente para valorar, disfrutar y amar la vida; por lo tanto, su educación debe ser una educación para la vida pero con libertad, amor, aprobación, autonomía y autogobierno.
La verdadera educación para Neill es aquel proceso en el que cada individuo crea su propio plan de estudios.
Se busca preguntas y busca respuestas a los problemas que le presenta su propia existencia.

El Educador

Sostiene Neill que el educador en libertad, permite educar para la libertad, rompe con falsos esquemas y hace de la enseñanza una práctica fundamental basada en la razón y en el amor. Debe ser sincero, no engañar al niño, debe actuar por convicción, tener sentido del humor, humanidad, ser lo suficiente maduro y bien equilibrado para vivir en igualdad de condiciones con los niños. No debe ser restrictivo. Debe tener una personalidad fuerte pero no dominante, fe y paciencia inagotables y amplia visión educativa. Un buen maestro, dice Neill, no trata de descubrir en el niño aquello que sabe, sino, que le hace ver las cosas. No descubre sino da y lo que da lo hace con cariño, aprobación, reconocimiento, amabilidad y simpatía. En buen maestro no sólo debe comprender al niño sino que debe aceptarlo, tal cual es. El educador debe conocer la historia psicológica de cada niño para no actuar erradamente porque de otra manera se podrían proyectar sobre él sugerencias plagadas de prejuicios y de enseñanzas y amenazas morales. El maestro severo nunca tendrá éxito en una escuela libre.
El buen educador actúa sin ser advertido porque el centro real del proceso educativo no es él sino el educando; no busca imponer sus conocimientos.
Para Neill el futuro educador debería ser educado en base a valores y juicios sobre libertad y humanidad, lo que posteriormente debería aflorar en todo acto de su comportamiento, desterrando de esta forma la educación tradicional, coactiva o inhumana que se da al alumno en la escuela tradicional y que tanto mal hace a la sociedad.
Sostenía Neill que el maestro debe tener “buen sentido del humor y el menor sentido de dignidad posible; no deben inspirar temor ni ser moralistas”58.

Los Padres de Familia

Respecto al significado, importancia y rol de la familia en la educación de los niños, Neill, plantea las siguientes ideas:
La familia es la columna vertebral de un país, el mejor sostén de la nación.
Dado que en la actualidad nuestra civilización es patriarcal, todo el poder se concentra en la autoridad del padre; la madre sin embargo, es la que siempre se queda en el hogar al cuidado de los niños y atada a un sin fin de quehaceres, por lo tanto no existe una verdadera democracia, ya que la participación del padre es mínima con respecto a la educación del niño.
La familia es un excelente escenario para el ejercicio de la democracia. Los diferentes caracteres y formas de pensar posibilitan la práctica de esta democracia. Hoy en día la amistad entre padres e hijos va en aumento en todas las clases sociales, por lo tanto los padres deben ser amigos de sus hijos y darles la orientación, el consejo y el apoyo necesarios. Es necesario dirigir al niño la palabra reconfortante de amor, felicidad y motivación que debe emanar de los padres. La pequeña comunidad familiar es de gran transcendencia en la vida del niño y en su educación. Si se abriga el odio en el hogar, se manifestará en todo lugar que rodee al niño, incluido la escuela. Nunca se alcanzará una auténtica democracia mientras no reine en todo hogar un sentimiento firme de amor, libertad y felicidad.

57. NEILL, Alexander. “El Nuevo Summerhill”. 1ª edición en español. 1994. Fondo de Cultura Económica. México.
58. NEILL, Alexander. Ibídem., p. 153.